Historia

BREVE HISTORIA DE EL BOSQUE

por Antonio Domínguez Gil*

 

Cuando hace más de treinta años me propuse recopilar todo el conocimiento que sobre el pueblo de El Bosque pudiera existir, independiente de la fuente, la tarea se presentaba ardua. Pocos años después, en la noche del 26 de enero de 1981, se produjo el misterioso incendio del Archivo Histórico Local, que entonces no se hallaba catalogado, agravando la posible investigación a nivel local; y por si era poco, durante años, muchos de mis paisanos, ante el desconocimiento que tenían de la historia de su pueblo, me habían dicho que el pueblo no tenía historia; si bien uno estaba empeñado en demostrar lo contrario. Así podía plantear el reto que me hice entonces, fruto de cuyo esfuerzo fue la publicación en un principio de los tomos: “El Bosque: entre la Leyenda y la Historia”, (I y II); y es bien verdad que en ellos se encontraban, a inicios, más que hechos históricos, leyendas locales que los reflejaban, aunque posteriormente entre sus contenidos estaría toda la información de los archivos locales que pude extraer y otras que pude encontrar en otras fuentes. No obstante lo dicho, el acceso a los archivos nacionales a través de la Red, ha venido ahora a demostrarme y podré demostrar en un futuro que fueron el legado de la memoria colectiva de todo un pueblo, que conservó los hechos históricos en una narrativa oral que se transmitió de padres a hijos de generación en generación.

Recuerdo de niño muchas de las conversaciones de los mayores y entre ellas cuando hablaban de hallazgo de figuritas, objetos y otras historias de tesoros y fantasmas asociados a los mismos que eran pan de cada día, en los interminables inviernos, al calorcito de la copa (mesa camilla) de cisco, en la que se asaban las castañas que acompañaban los relatos; los cuales, tenían su continuación en las gañanías de los cortijos, en los que se reunían para cuchara y paso atrás, mientras comían el gazpacho o el picadillo cortijero, en los descansos entre siega y siega u otras labores del campo. Era evidente que desde las hachas prehistóricas hasta las diversas clases de monedas que afloraban en nuestros campos, no eran sino la huellas de la presencia del hombre desde los antiguos tiempos y luego muestra indudable de la presencia entre nosotros de las antiguas culturas y civilizaciones que pasaron o moraron en nuestro término, muestras de la presencia ibérico-tartesa, púnica, romana, goda y árabe hasta llegar a 1485 en que con la caída de la capital serrana Ronda todas las aldeas, y alquerías moras, entre las que estaban las bosqueñas, pasarían a la posesión cristiana y desde el 11 de enero de 1490 a la casa ducal de Arcos, la cual repoblaría con cristianos las siete villas en 1502, y según creo y propongo en mis libros El Bosque, como alquería pedánea, como confirman en 1752 sus habitantes al definirse como donadío. Se fundó la primera Marchenilla que se abandonará posteriormente y se crean dos núcleos de población, uno que se resistirá a acogerse al protectorado ducal conocido como Barrio Baxo, y otro alrededor del núcleo del palacio de El Bosque de Benamahoma que será finalmente el que los atraiga mediante concesiones de tierras y derechos forales en el monte y de aguas, propiciando el abandono y la desaparición del núcleo urbano citado anteriormente, que curiosamente se radicaba en el lugar de asentamiento de culturas anteriores y al que, los lugareños, llamaban Brosque [Bro(s)que], como recogen los viajeros del siglo XVIII. Más tarde con la construcción de la iglesia de San Antonio y su dedicación a Santa María de Guadalupe, se daría pie a que, a finales del Siglo XVIII, entre sus habitantes se denomine al pueblo, según el origen de cada uno, con todas las denominaciones citadas antes, hasta la Guerra de Independencia donde la denominación El Bosque toma cuerpo político, frente a todas las demás, que quedan refugiadas sólo en los libros parroquiales y en los campos. Esta guerra marca un antes y un después en la vida local. El pueblo a la par que lucha por la independencia frente a un invasor extranjero, lucha y consigue su propia independencia por los méritos de guerra frente a sus dueñas las villas hermanas: Grazalema, Ubrique, Benaocaz y Villaluenga del Rosario; las cuales, pese a sus protestas, ante la Regencia, se ven obligadas a darle la independencia. La intervención bosqueña en la guerra ha sido decisiva y el apoyo del ejército español a esta pequeña aldea es fundamental a la hora de agradecer los servicios prestados.

 

El siglo XIX será a nivel local una constante revolución amparada en las ideas liberales de los viejos luchadores de la Independencia y más tarde influida por las ideas de asociacionismo obrero, que hicieron estar al pueblo en la lucha por el progreso social y ciudadano y participando en todos los movimientos sociales de carácter socialista, republicanos, anarquistas o revolucionarios.

 

Esa lucha externa se funde aquí también con la lucha en defensa de sus derechos históricos y forales, que será también una constante del siglo XX, ante el desmoronamiento del poder de la casa ducal de Osuna, como heredera del ducado de Arcos, a finales del siglo anterior e inicios de este, y frente a los nuevos poderes caciquiles emergentes y surgidos en la Restauración, con una explosión popular en defensa de sus derechos en el monte Albarracín, a inicio de los veinte y coincidiendo con el final del Trienio Bolchevique.

 

Llega, en la Dictadura de Primo de Rivera, con Paco Diz, el pueblo al poder local y se vive una época de esplendor ciudadano que tendrá su final en el baño de sangre surgido de la revuelta militar del 18 de julio de 1936. Con dos precedentes en el intento de asesinato de Paco Diz y en el asesinato del líder sindical José Gil García.

 

Dentro del Franquismo surgirán dos alcaldes que son los artífices del resurgir de la villa y son los que pondrán, con unos concejales y un pueblo entregados, los fundamentos de El Bosque moderno: Blas Ramírez Franco y Antonio Ramírez Camacho, que son los que crean los cimientos que han hecho al pueblo ser reconocido, por su belleza y por sus producciones a muchos niveles: muebles, chacinas, turismos, etc., dando paso a una época de esplendor.

 

Y en esto llegamos a nuestros días, donde después de treinta y tres años de democracia, con luces y sombras, pero en candelero, vivimos los años en los cuales el pueblo había hecho frente a todas las crisis económicas con una producción industrial diversificada, que junto al turismo y su entorno idílico, nos hacía sortearlas con éxito; pero ahora nos encontramos, por primera vez, con una crisis que nos ha afectado duramente y representa un ajuste duro para muchas familias y empresas bosqueñas que han quedado tocadas. Momento que debía ser para la solidaridad de las autoridades gobernantes con los más afectados, sin discriminaciones ideológicas o de otro tipo.

 

No quisiera terminar este balance resumen de la historia local negativamente, sin esperar que este pueblo una vez más, conforme a su historia brevemente resumida, no saque fuerzas de sí mismo para remontar, de nuevo, el vuelo que permita a otro amante de esta villa contarnos dentro de doscientos años como han sido.

 

* Antonio Domínguez Gil es autor de la Colección ‘El Bosque: entre la leyenda y la historia’